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JESUCRISTO GARCÍA
Extremoduro
Concreté la fecha de mi muerte con Satán.
Le engañé
y ahora no hay quien me pare los pies.
Razonar
es siempre tan difícil para mí.
Que más da
si al final me sale todo siempre bien del revés.
Nací un buen día, mi madre no era virgen
no vino el rey, tampoco me importó
hago milagros, convierto el agua en vino
me resucito si me hago un canutito.
Soy Evaristo, el rey de la baraja
vivo entre rejas, antes era chapista
los mercaderes ocuparon mi templo
y me aplicaron ley antiterrorista.
¿Cuánto más necesito para ser dios?
¿Cuánto más necesito convencer?
Y perdí
la cuenta de las veces que te amé.
Desquicié
tu vida por ponerla junto a mí.
Vomité
mi alma en cada verso que te dí ¿qué te dí?
Olvidé
me quedan tantas cosas que decir ¿Qué decir?
Por conocer a cuantos se margina
un día me ví metido en la heroína
y aún hubo más, menuda pesadilla
crucificado a base de pastillas.
¿Cuánto más necesito para ser dios?


LA VEREDA DE LA PUERTA DE ATRÁS

Si no fuera porque hice colocado
el camino de tu espera
me habría desconectado;
condenado
a mirarte desde fuera
y dejar que te tocara el sol.

Y si fuera
mi vida una escalera
me la he pasado entera
buscando el siguiente escalón,
convencido
que estás en el tejado
esperando a ver si llego yo.

Y dejar de lado la vereda de la puerta de atrás
por donde te vi marchar
como una regadera que la hierba hace que vuelva a brotar
y ahora es todo campo ya.

Sus soldados
son flores de madera
y mi ejército no tiene
bandera, es sólo un corazón
condenado
a vivir entre maleza
sembrando flores de algodón.

Si me espera
la muerte traicionera
y antes de repartirme
del todo, me veo en un cajón,
que me entierren
con la picha por fuera
pa que se la coma un ratón.

Y muere a todas horas gente dentro de mi televisor ;
quiero oír alguna canción
que no hable de sandeces y que diga que no sobra el amor
y que empiece en sí y no en no.

Y dejar de lado la vereda de la puerta de atrás
por donde te vi marchar
como una regadera que la hierba hace que vuelva a brotar
y ahora es todo campo ya.

Dices que a veces no comprendes qué dice mi voz .
-¿Cómo quieres que esté dentro de tu ombligo?-
Si entre los dedos se me escapa volando una flor
y ella solita va marcando el camino.

Dices que a veces no comprendes qué dice mi voz
¿Cómo quieres que yo sepa lo que digo?
Si entre los dedos se me escapa volando una flor
y yo la dejo que me marque el camino.